sábado, 5 de septiembre de 2009

Hoy hace cien años, se produjo el alumbramiento más grande en la historia del flamenco.

Centenario del Nacimiento de Antonio Mairena.

El pasado septiembre y en este mismo medio, La Opinión – El Correo de Zamora, nos hacíamos eco del veinticinco aniversario de la muerte del Maestro de los Alcores – nos dejó justo el mismo día que cumplía los setenta y cuatro años-. Hace exactamente cien años a las veintiuna horas, en el número siete de la calle Alfonso XII, Aurora García Heredia –de veintidós años de edad y esposa legítima de Rafael Cruz Vargas –alumbra su primer vástago de un total de seis. Eso dice el acta de nacimiento en su folio 311.

Sabemos también por su partida de bautismo, que fue bautizado el 11 de Septiembre en la Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, siendo los padrinos, sus tíos Manuel Cruz Vargas y Encarnación Jiménez Ríos.

Los hermanos que sigue al pequeño Antonio en ese primer matrimonio del padre son: Águila, Curro, Juan, Rosario y María Josefa. Fallecida la madre en 1928, su padre contrae segundas nupcias con Ángeles García Vanda, de quien nacerá Manuel y Ángeles.

Importancia de su obra.

En el artículo al que hacemos referencia -publicado en El Dominical del 25 de septiembre del año pasado- además de las correspondientes notas biográficas que no vamos a repetir, se decía que Mairena era posiblemente el cantaor más importante de la historia del flamenco. Un año después, con la correspondiente profundización en su vida y en su obra, no sólo lo ratificamos sino que avanzamos en la dirección de suprimir el “posiblemente”.

De forma resumida, como corresponde a esta breve semblanza periodística, vamos a mostrar algunos de los aspectos relevantes de su transcurrir vital.

Desde las primeras grabaciones para la marca Odeón en el año 41, Mairena tiene las ideas muy claras de lo que deberá ser su obra discográfica. Otra cosa es que las casas se lo permitieran, como así ocurriría al convertirse en el auténtico artista hegemónico de su época a comienzos de la década de los sesenta. Dicho de otra forma, Mairena desde muy pronto se supo depositario –por conocimientos y por facultades- y responsable de construir una discografía esencial para la posteridad.

Dicha discografía se asienta sobre dos sólidos pilares: La musicalidad y la poética. Respecto al primero, partiendo del complejo concepto de “pureza”, trata de transmitir de forma fiel los estilos y variantes flamencas del “cante gitano – andaluz”, la mayor, mejor y más elaborada seña de identidad del pueblo gitano. Lo más florido de la cultura de sus ancestros. Pero no se queda únicamente en esa fiel transmisión, lo que ya de por sí habría sido harto suficiente. Va más allá. Su insaciable capacidad investigadora lo lleva a rescatar, reconstruir –e incluso a reinventar cantes que si no fuera por él se habrían perdido para siempre. Paradójicamente “su modestia” hizo que a ninguno le atribuyera su autoría.

El segundo pilar como decimos –y también muy cuidado por El Maestro-, es el de las letras. Siendo parcos en la estimación, a fecha de hoy, podemos aventurar que Mairena utilizó, en sus discos, directos y actuaciones privadas, por encima de las dos mil coplas. Algunas de creación propia, otras muchas de los cancioneros populares recopilados por Demofilo y Rodríguez Marín, o de inspiración personal como las veintidós de su discografía oficial que recoge de Manuel Machado. A casi todas le imprime su sello característico para adaptarlas a los estilos flamencos. En este sentido y, al margen del flamenco, a Mairena le cabe el honor de poner en recirculación la imponente riqueza de la poesía popular española, de manera que no hay un solo artista actual que no tenga en su repertorio coplas centenarias siguiendo su ejemplo.

En relación con lo anterior, y en íntima consonancia, entiende la necesidad de construir una teoría que fundamente las grabaciones. Es decir, de desarrollar toda una flamencología que explique el porqué y el hacia donde de dichas grabaciones o interpretaciones flamencas. Esta “teorización”, básicamente las encontramos en “Mundo y formas…”, “Las confesiones…” y el número 23 de la revista “Candil”

Finalmente, y no por ello desdeñable, Mairena -gitano por parte de padre y madre- es un adelantado a su tiempo como superador de las distancias raciales. Siempre se sintió orgulloso de su pertenencia étnica -podemos afirmar que muy orgulloso- lo que no quita que estableciera profundas relaciones y estrechos lazos con el mundo payo como lo demuestran su amistad con Ricardo Molina, García Ullecia, Paco Vallecillo, Juan Antonio Muñoz, , Fede Vázquez, Antonio Reina o Emilio Calderón y sus respectivas familias, por poner algunos ejemplos. Digamos, y este es una buena aportación en el plano de lo personal –y de la superación de prejuicios raciales- que el mundo no se divide entre gitanos y payos, antes al contrario, las personas son valiosas independientemente de su procedencia racial.


Félix. R. Lozano.


No hay comentarios: